Crisis en Bolivia
Diseño de Vale Duarte
La frase no la dijo un dirigente indigenista ni un político de izquierda: fue formulada por un ex vicealcalde de Santa Cruz, empresario, analista político y miembro de la elite cruceña.
“Hay mucha gente en Santa Cruz que hoy está preocupada, porque simpatiza con Evo Morales y comparte lo que está haciendo en Bolivia, pero esconde su posición porque no quiere ser tratada como un traidor… ¿sabés lo que es eso?”, pregunta Hugo Siles, profesor de política exterior de la Universidad boliviana de NUR. “Aparecen listas negras con los nombres de los que ellos llaman ‘traidores’ pegadas en los postes de las ciudades”, confiesa, casi susurrando, a pesar de que se encuentra a más de mil kilómetros de la región que encabeza la cruzada contra Evo Morales: la rica Santa Cruz de la Sierra.
–¿Qué está pasando en Bolivia?
–El modelo neoliberal no pudo resolver los temas más graves, como la pobreza. Ante esa inconformidad, el país reconfiguó su sistema de partidos y entraron en escena nuevos actores que fueron productos y víctimas del sistema. Evo Morales es uno de ellos. Se ha elevado el nivel de la participación política, producto de la obligada necesidad de involucrarse en un contexto de necesidades básicas insatisfechas. Lastimosamente, el boliviano ha tocado fondo. Pero el tocar fondo ha despertado a Bolivia.
–¿El racismo es moneda corriente?
–Hay algún grado de racismo, manifestado en grupos conservadores reacios a ceder tan fácilmente su poder bajo las condiciones de igualdad que persigue este gobierno. Eso da lugar a que existan grupos de efervescencia que representan este racismo y que han encontrado en la condición del presidente (por su origen y su humildad) el destinatario de su odio.
Morales representa a más de un 65 por ciento de los bolivianos: por haber pasado hambre, por haberse sentido discriminado por su condición y por su naturaleza socio–económica.
Hay un sector que lo rechaza, que no lo puede ver. Pero muchos sienten más confianza al entender que se puede llegar a ser presidente con ese nivel de instrucción. Hemos tenido presidentes que tenían acento norteamericano, que habían estudiado en Estados Unidos y eran fieles representantes de esos intereses.
–Hasta ahora (Evo expulsó al embajador norteamericano) EE.UU. marcó agenda…
–El que niegue eso estaría faltando a la verdad. Hasta nos elegían funcionarios. Pero esos niveles de injerencia han mutado por una mayor expresión de dignidad. Hay que reconocer que Bolivia hoy, al margen de la incidencia que tenemos a nivel internacional, ha aumentado sus cuotas de independencia en materia de política exterior y de autodeterminación.
Mi país se había involucrado históricamente en situaciones que nada tienen que ver con nosotros: hoy nadie es conciente que Bolivia ¡le declaró la guerra a Alemania, a Japón y a Italia! y no lo hizo como la Argentina –cuando estaba terminando la Segunda Guerra Mundial– sino que lo declaró al principio. Bolivia adhirió a causas como la invasión de Estados Unidos a Irak, o apoyó a Israel en el conflicto árabe–israelí, sin preguntarles nada a los árabes ni a los judíos. Hemos tenido una orientación en política exterior totalmente dirigida por Washington. Morales le devolvió la dignidad a Bolivia.
–¿Qué le criticas a Evo Morales?
–Le critico que sigue teniendo expresiones de revanchismo y radicalidades que probablemente pueden generar un tortuoso proceso para llegar adonde quieren llegar. Y estoy seguro que la mayoría de los bolivianos está de acuerdo en que la situación debe cambiar. Pero discrepo en que el camino para llegar a eso debe tener tanta radicalidad. Además, hay una izquierda muy inexperta en materia de políticas públicas.
–¿La derecha quiere derrocar al Presidente?
–No le conviene, ni al sistema de partidos ni a la oposición, que Evo no termine (su mandato) porque fuera del poder es más poderoso que dentro: te puede paralizar en seis meses cualquier gobierno. Pensemos en tres hipótesis. La primera, Morales presionado para renunciar: volvería a sus bases y desde El Chapare desarrollaría una “intifada” que está en las peores pesadillas de los políticos conservadores.
La segunda, Evo asesinado: se convertiría en mito y emergería un personaje similar al “Che” o a Salvador Allende en Chile. Otra pesadilla.
La tercera, termina el mandato: sin dudas sería reelegido un período más y luego descansaría. En cualquier escenario lo tenés a Morales por 10 años; eso ya lo han pensado los conservadores. Está claro que en Bolivia hay un antes y un después de Evo: es increíble.
te dejo las direcciones de mis nuevos espacios
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Slds.
Guillermo
| Publicado 1 year, 1 month ago