el teclado amotinado



Sangre y petróleo en el Cáucaso

 

 

Los recientes enfrentamientos armados entre Rusia y Georgia, que dejaron un saldo aproximado de dos mil muertos, 100 mil desplazados y acusaciones de limpieza étnica entre ambos bandos, evidenciaron la inestable situación que se vive en el Cáucaso, una región caracterizada por su complejidad étnico-política, y cuya ubicación geográfica y recursos naturales la convierten en una zona estratégica para las apetencias de las potencias mundiales.

 

Osetia del Sur, oficialmente, pertenece a Georgia, una ex república soviética. La provincia limita con “su hermana”, Osetia del Norte, una república integrada a la Federación Rusa, a la cual los sudosetas reclaman unirse. Los osetas, una etnia diferente de los georgianos, son originarios de los valles del sur de Rusia, pero fueron obligados a habitar en las zonas montañosas del Cáucaso, frontera entre Rusia y Georgia, debido a la presión de las invasiones mongólicas en el siglo XIII. 

 

La caída de la URSS en 1990 provocó que el norte de la provincia quede en territorio ruso y el sur bajo soberanía georgiana. Osetia del Sur convocó a un referéndum y su población votó por la incorporación a Rusia, pero la respuesta de las tropas georgianas no se hizo esperar y luego de dos años de cruentos enfrentamientos se firmó un tratado que le permitió al Kremlin desplegar sus fuerzas de paz en la región, lo que garantizó una tensa calma, frecuentemente dañada por permanentes agresiones bilaterales.

 

La Otan

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan) surgió a mediados del siglo pasado para contrarrestar la creciente influencia de Moscú, objetivo que está lejos de abandonar: muchos de los ex aliados de Rusia cambiaron de bando e integran la organización militar timoneada por EE.UU., en el marco de una estrategia que apunta a “cercar” a la potencia asiática, Esa acción es considerada por el Kremlim como una intolerable expansión de occidente sobre sus antiguas áreas de influencia.

Cuando en abril la Otan abrigó las esperanzas de Georgia y Ucrania sobre su eventual incorporación al organismo, provocó la reacción de Moscú, que para evitar que occidente siga anexando otras ex repúblicas soviéticas brindó un respaldo más firme a las voluntades separatistas de Osetia y Abjasia, con el fin de contrarrestar la consolidación de Georgia en el Cáucaso.

La energía

Georgia no es un gran productor de energía, pero su importancia como país de tránsito es insoslayable: importantes ductos atraviesan su territorio transportando petróleo y gas desde Asia Central hasta el Mar Negro, estrategia mediante la cual las potencias occidentales buscan gambetear el control ruso sobre las abundantes reservas energéticas de la Cuenca del Mar Caspio, que según estimaciones de algunos especialistas, consisten en un 15 por ciento del total de las reservas del crudo del mundo y de un 50 por ciento de las reservas de gas.

El diario alemán Der Spiegel indicó que las empresas norteamericanas Exxon Mobil y Chevron, junto a la británica British Petroleum, invirtieron en Georgia con el fin de trasformarla en un corredor alternativo que permita transportar hacia EE.UU. y la UE un millón de barriles por día, rompiendo con el monopolio ruso.

 

Autodeterminación vs. integridad territorial

 El deseo separatista de los surosetos se vio fortalecido en febrero de este año, cuando Kosovo se independizó de Serbia y su soberanía fue reconocida por la comunidad internacional. Rusia se negó a reconocer a Kosovo como Estado soberano temiendo dejar sentado un peligroso antecedente que dispare las demandas secesionistas de numerosos separatismos soviéticos, como Chechenia, Ingushetia y Dagestán. Sin embargo, el Kremlim apoya la “autodeterminación” de Osetia del Sur y Abjasia, otra región pro rusa en territorio Georgiano.

En la misma contradicción incurre Estados Unidos, aunque invirtiendo los factores, ya que fogoneó los saparatismos de Kosovo y Bosnia en los Balcanes, pero hoy reclama que se respete la “integridad territorial” de Georgia, su principal aliado en el Cáucaso.

 

Análisis

El “Palimpsesto” Eurasiático

Por Ignacio Liendo

Analista en Relaciones Internacionales
Cordinador de la Diplomatura en Periodismo Político del CUP

Palimpsesto es una voz que proviene del griego y significa “borrado nuevamente”. Desde la antigüedad, hace referencia al manuscrito que contiene huellas de una escritura anterior que convive con nuevos trazos que son contemporáneos; es una mezcla y superposición de capas temporales de la escritura. Más allá de los enfrentamientos entre Georgia y Rusia por la cuestión de Osetia del Sur, y precisamente para poder entenderlos en perspectiva, debemos resaltar que estos se inscriben en una lógica que tiene dos trazos gruesos que se proyectan desde el pasado hacia el presente y el futuro de la región.

El primer trazo es la férrea creencia de la dirigencia geoestratégica norteamericana acerca de que la supremacía global depende de la presencia que se tenga en la “masa eurasiática”, clave de bóveda para el dominio de lo que el politólogo Zbigniew Brzezinski llama “el gran tablero mundial”.

El segundo trazo es la intención de la dirigencia geoestratégica rusa de acrecentar “El Imperio”, como definía el legendario periodista Ryszard Kapuscinski a aquella vieja idea de que a la “Madre Rusia” le corresponde su expansión en mancha de aceite hacia “los mares calientes y sus accesos”.

Los trazos finos se asemejan a una muñeca rusa desmontada: la expansión de la Otan –vía nuevas adhesiones y escudo antimisiles– y de la UE hacia las zonas que los rusos perciben como propias a pesar de la catástrofe geopolítica que significó para ellos el fin de la URSS; el petróleo y su accesibilidad a través de los oleoductos que atraviesan estas zonas sensibles; el separatismo, tolerado y promovido por occidente en los Balcanes y evitado en el caso de Osetia del Sur; y ligado a este, el islamismo radical, reprimido inteligentemente por el Kremlin en clave de “guerra contra el terrorismo”, bajo el visto bueno de occidente.

 En este contexto, Putin y Medvedev tomaron la chance que les sirvió el presidente georgiano Saakashvili con su incursión militar en Osetia del Sur, para responder de manera inusitada, marcando posiciones en el tablero, reivindicando sus aspiraciones históricas.

Las citas mencionadas no son casuales. Debemos recordar que tanto Brzezinski como Kapuscinski son polacos y bien saben de separaciones y tironeos entre grandes potencias. En sus textos y en los eventos recientes podemos ver como en “el palimpsesto eurasiático” se reescribe desde las guerras napoleónicas hasta la guerra fría.


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